If I was your brain

Hola, soy tu cerebro. Estoy aquí para protegerte, soy tu detector de amenazas, trabajo para preservar tu ADN. A veces en mi empeño por protegerte cometo errores, espero que sepas perdonármelos, juntos podremos reducir esos fallos. De tu problema de dolor, yo soy el responsable.

Llegamos al mundo sin terminar, equipados con automatismos que funcionan perfectamente para que alguien nos ayude a sobrevivir. Sí, somos dependientes desde el principio. Dependientes, pero no tan vulnerables. Siempre tendremos a una o más personas capaces de dar su vida por nosotros, nuestros padres. Necesitamos calor, protección, contención, y alimento. Necesitamos amor, necesitamos un modelo  materno  que nos proporcione ese soporte. Recuerda: tu primer modelo cerebral es el cerebro de tu madre.

Cuando los cerebros necesitamos algo activamos respuestas automáticas para señalar esa carencia. Al principio ese aviso, esa alarma, es el llanto. Cuando vivíamos en la selva, si nos quedábamos solos podíamos ser devorados rapidamente, entonces nosotros, los cerebros, desarrollamos alarmas de protección: generamos un llanto característico. El cerebro de la madre reconocerá la alarma producida por el cerebro de su hijo y acudirá a protegerlo o de lo contrario perderá a su cría.

Dependiendo de cómo de seguro haya sido nuestro vínculo seremos cerebros más o menos hipersensibles, capaces de reconocer pequeños cambios emocionales en otros, estaremos más atentos a informaciones amenazantes y en ocasiones desarrollaremos la habilidad de inhibir las memorias de situaciones estresantes. Son formas de estar alerta, de protegernos. (1)

Date cuenta que ya desde el nacimiento estamos procesando información y aprendiendo.  Aprendizajes automáticos de lo que nos agrada o desagrada. Buscamos acercarnos a lo agradable y alejarnos de lo desagradable. Sencillo ¿no?

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Y con el dolor pasa lo mismo, es una alarma, un aviso de que hay algo peligroso, una amenaza para nuestra integridad. Como cerebros hemos desarrollado unas ramificaciones que nos conectan con cada parte del cuerpo y al final tenemos unos sensores que terminan en la piel. A nosotros los cerebros siempre nos interesa saber qué o quién puede estar tocando la piel. Imagina esos nervios que salen de nuestra médula espinal camino de la periferia, necesitan aporte de sangre para alimentarse y a veces por tensiones o compresiones ese aporte se ve reducido. Entonces genera una señal “oye que me llega poco alimento”, y nosotros los cerebros producimos dolor para avisarte de que cambies de postura o para motivar una conducta.

Otras veces nos llegan de la periferia señales de daño del tejido y entonces, para que esa herida sea curada rápidamente decidimos que eso tiene que doler. Así te avisamos de la necesidad de reposo, o de inmovilización. En algunas ocasiones decidimos que primero hay que ponerse a salvo y entonces no producimos dolor. El dolor depende del contexto. Seguro que habrás oído ejemplos de soldados que no sienten sus heridas mientras están en el campo de batalla, incluso surfistas que al sufrir la amputación de una pierna y sólo sintieron un golpe. Ya ves, tomamos la que creemos que es la mejor decisión para salvarte… (2)

Ahora quiero que entiendas que producimos dolor para protegerte, pero que a veces, en ese intento de protección, se nos va la mano o mejor dicho se nos va la neurona. Nos volvemos hipersensibles, estamos más alerta y producimos dolor cuando en realidad no hay nada. Es por si acaso. Generamos dolor al mínimo contacto o al mínimo movimiento. Si lo miras desde el punto de vista evolutivo lo entenderás mejor: para nosotros una falsa alarma no es nada, nos equivocamos, a ti te duele y te proteges, pero sigues vivo. Pero si no producimos dolor cuando algo te está haciendo daño a lo mejor te mueres y se acaba el juego.

Ahora que entiendes un poco todo esto podrías darte cuenta de lo que necesito cuando me equivoco. Solo necesito una actualización. Necesito que me calmes y que me enseñes despacito que estoy siendo un poco miedoso, que no hace falta que eso duela, quiero que seas suave conmigo. Y así poco a poco, me iré actualizando en contenidos no dolorosos. Para eso somos muy buenos, somos plásticos, creamos redes nuevas, para bien y para mal. (3) Si tu me ayudas, será seguro para bien.

(1) An Attachment perspective on psicopathology

(2) Explicando el dolor. Moseley

(3) The brain that changes itself. Norman Doidge

 

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